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Las elecciones en Egipto: ¿Justicia y Libertad?

27 noviembre 2011

La pregunta del millón de dólares es si los comicios que se van a celebrar mañana en Egipto conducirán a resultados semejantes a las obtenidos en Marruecos y Túnez. Con todo, resulta difícil pronosticar cuáles serán los grupos y coaliciones que se formen. Los posibles enfrentamientos violentos en las calles pueden dar a las autoridades militares el respaldo necesario para anular, denegar o aplazar el proceso democrático. Egipto únicamente obtendrá la justicia que merece si las cosas funcionan como es debido.

La tensión aumenta poco a poco de cara al día de mañana en una inquieta espera de los resultados de las elecciones a la cámara baja del Parlamento egipcio. ¿Acaso el resultado que arrojen las urnas será semejante a los de Marruecos y Túnez que en los últimos dos meses han dado la victoria a la Sharia islámica?

De ninguna manera se puede subestimar la importancia de estas elecciones a la cámara baja. El Parlamento egipcio cuenta con 454 escaños, de los cuales 444 se escogen por sufragio directo y los diez restantes eran hasta ahora escogidos por el Presidente. No es seguro que el Mariscal de Campo Tantawi vaya a hacerlo esta vez.

El partido Justicia y Libertad de los Hermanos Musulmanes bajo el liderazgo de Saad el Qatatani trata de atraer a sus filas a los activistas y líderes de la plaza Tahrir. Éstos son jóvenes con formación académica pertenecientes al movimiento del 6 de abril, activistas en las redes sociales y cercanos al movimiento liberal democrático en el que Amro Musa  trata de posicionarse como líder.

Por su parte, la Asociación Nacional por el Cambio, liderada por Muhamad Al Baradai, trata de captar los votos de los indecisos tanto de las filas de los Hermanos Musulmanes como de la de los jóvenes académicos que aún no han decidido cuál será su candidato.

La mayoría de los partidos basan su programa en una decidida apuesta por el pluralismo, liberalismo y por supuesto, democracia. Así, el partido Nueva Promesa por ejemplo, encabezado por Al Sayd Al Badawi, cuyo programa se basa en esos valores aunque tiene en su contra los contactos y afinidades con el viejo régimen. Otro ejemplo, esta vez de una formación más reciente es el del partido El Mañana, encabezado por Aiman Nur y cuyo programa electoral apuesta por la presente campaña a favor de los derechos humanos, la reforma de la constitución y el pluralismo político.


El dilema de los Hermanos Musulmanes

En estos momentos el sistema de los partidos políticos se encuentra en una neblina electoral, algo que de hecho caracteriza a la revolución desde sus inicios. A día de hoy aún no se distingue un claro centro de gravedad político con un dirigente indudable capaz de arrasar en la campaña electoral. Éste es sin duda el problema de toda la revolución.

Muchos analistas opinan que los Hermanos Musulmanes van a vencer por amplia goleada en los comicios. Sin embargo y aunque resulte paradójico, una victoria de este tipo no es tan segura. Los Hermanos Musulmanes como movimiento, no como partido, se encuentran inmersos en importantes dilemas:

En primer lugar, hasta ahora la principal tarea del movimiento, que es un movimiento popular de amplia base, era llevar a cabo de manera silenciosa y casi clandestina un amplio espectro de políticas sociales populares. En la actualidad, y una vez que el partido político ha salido a la luz pública, ha de adoptar patrones de comportamiento y actividades propias de formaciones políticas, tales como apertura de sedes y representaciones regionales en todo el país. Eso no solamente tiene un elevado coste económico, sino que no puede realizarse de un día para otro, en el sentido más literal de la palabra.

En segundo lugar, el cambio demandado requiere un análisis detallado y una rápida capacidad de adaptación en tiempo real a los acontecimientos presentes, por ejemplo en el ámbito de la toma de decisiones. Hasta ahora las decisiones en el movimiento de los Hermanos Musulmanes se tomaban en el marco del Consejo Asesor presidido por el “Guía General” del movimiento, el Jeque Dr. Muhamad Badi. A partir de ahora y en concordancia con los nuevos tiempos, el movimiento y el partido tendrán que incorporar nuevas formas y patrones al proceso de toma de decisiones, patrones públicos, transparentes y democráticos. De lo contrario, será acusado de no aplicar en sí mismo lo que exige del poder central.

 

¿Puede obtener Egipto justicia y libertad?

El comportamiento de los Hermanos Musulmanes a lo largo de la crisis política desde el pasado mes de enero deja patente su enorme esfuerzo por mostrar autocontrol, tanto en las declaraciones como en las acciones. La razón no era otra que presentar al movimiento como un movimiento popular, responsable y cabal que disfruta de un amplio apoyo por parte de diferentes estratos de la sociedad egipcia desde hace ya largos años.

Este apoyo es consecuencia de una extensa actividad de fundación de instituciones civiles que son de hecho las que aseguran las simpatías y el respaldo de las masas hacia el movimiento, especialmente en las grandes ciudades. Los Hermanos Musulmanes proporcionan una extensa variedad de servicios sociales que incluyen labores educativas y de sanidad y abarcan a toda la población, desde el momento mismo del nacimiento y hasta la muerte.  Las comidas que el movimiento proporciona en los comedores públicos a lo ancho y largo de todo el país suponen el principal apoyo para las numerosas familias sin recursos que de otra manera no tendrían con qué alimentar a sus hijos.

En la actualidad, incluso los sectores más fuertes como los jóvenes con formación universitaria se ven afectados por la crisis, impotentes ante una administración corrupta que les impide alcanzar un puesto laboral en el sector público. Y es precisamente esta frustración la que hemos visto en los últimos meses en la plaza Tahrir. Los presentes comicios han de transferir, al menos en principio, el poder al pueblo que exige “justicia y libertad”.

Resulta difícil pronosticar cuáles serán las coaliciones y los grupos políticos que se establecerán antes o después de las elecciones buscando unir fuerzas. La situación de la seguridad sin duda influirá: si se producen enfrentamientos violentos en las calles el gobierno podría anular, denegar o aplazar el proceso democrático. Por el contrario, si todo sale como debe, hay buenas perspectivas de que Egipto obtenga la justicia y libertad que merece.

 

Shimon Karmi, experto en violencia política y terrorismo en el Centro Académico de Safed.
Publicado el 27.11.2011 en la web de News 2 Israel